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Sirviendo más allá del último aliento 1/2
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TEMA: Sirviendo más allá del último aliento 1/2

Sirviendo más allá del último aliento 1/2 hace 6 años, 8 meses #2497

  • josemanuel
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Sirviendo más allá del último aliento (1/2)

¿Quién, en su "vida", no ha pinchado alguna vez? Si eres conductor, seguro que me entiendes todavía más. Cada uno tenemos nuestra forma particular de cambiar una rueda pinchada. Yo tengo la mía que, probablemente, sea tan válida como la tuya.
El caso que quiero contar, más que el pinchazo de un neumático, fue el reventón del mismo. Ya iba a parar y, al acercarme demasiado al bordillo de la acera, no me percaté que había una pieza del bordillo mal colocada y que, por tanto, sobresalía unos tres centímetros. Fueron suficientes para cortar la rueda y que ésta exhalara su "último aliento". Y lo expreso así, pues fue como se oyó al quedar del todo "inservible" o, ¿puede que no del todo?
Es la vida que nace de la muerte. La semilla que ha de morir para dar vida. Es el sacrificio de Jesús que, tras exhalar Su espíritu (curiosamente, en el griego se dice "pneumatikos"), derramó Su vida en los corazones de aquellos que, por la fe en Su Sacrificio, están reconciliados con el Padre y justificados ante Él.
Toda Su vida (nacimiento, enseñanzas, milagros, etc), habría quedado en nada, si no hubiese resucitado. En realidad, Su resurrección fue el verdadero comienzo de todo lo que, de alguna forma maravillosa, podemos experimentar nosotros, es decir: LA VIDA. Ya dijo Pablo que: "sin resurrección, nuestra fe es vana" (1ª Cor. 15.17).
"Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?" (Jn. 14:8, 9). La petición de Felipe (bastante lógica por su parte) y, la consiguiente respuesta, en forma de pregunta, de Jesús (ciertamente sorprendente y casi presuntuosa) a éste, deben hacernos recapacitar.
El asunto y, pienso que es lo que debe llevarnos a una profunda reflexión es que, si es cierto lo que Jesús dijo, ¿hasta qué punto es cierto, y que implicaciones se derivan de ello para nosotros? Me explico.
Según el razonamiento de Jesús, deberíamos poder decir, cuando alguien nos interpela, preguntándonos: ¿Cómo podemos demostrar que Jesús está vivo hoy? ¿Dónde podemos encontrar a Jesucristo?
"Había ciertos griegos entre los que habían subido a adorar en la fiesta. Éstos, pues, se acercaron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le rogaron, diciendo: Señor, quisiéramos ver a Jesús. Felipe fue y se lo dijo a Andrés; entonces Andrés y Felipe se lo dijeron a Jesús. Jesús les respondió diciendo: Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado. De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto. El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará. Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará."(Jn.12:20-26 RVR60)
"Y había unos griegos entre los que subían a adorar en la fiesta; éstos, pues, fueron Casi seguro que hemos sido cuestionados con esas preguntas o parecidas. Y, ¿Cuál ha sido o suele ser nuestra respuesta? "Se halla en los evangelios o, incluso en toda la Biblia". Incluso, llegamos a afirmar que puede ser encontrado en la iglesia. Lo que si parece costarnos decir a alguien (seguramente porque lo consideramos una petulancia y bastante presuntuoso), es que Jesús el Cristo, está en nosotros y, más aún, proclamar que: "quien me ha visto a mí, ha visto a Jesús el Cristo". Una declaración de este calibre, se nos atragantaría a la mayoría.
No obstante, quiero compartirte algo. Es sencillo y profundo a la vez. Puede que conmueva ciertas "creencias" acomodadas en tu conciencia por tiempo. Me da igual. Yo no estoy escribiendo esto para regalarte el oído, ni para estar en total sintonía con tu "conciencia religiosa". No es mi llamado. Lo siento.
En primer lugar, decirte que Jesús el Cristo, Aquel que vivió, murió y resucitó, ya no está entre nosotros. Y no va a estar, por mucho que lo proclamemos o cantemos en nuestros cultos de alabanza (por cierto, habría que revisar muchas letras de canciones). Si prestamos un poco de atención, cuando se marchó en una nube y, aquellos discípulos se quedaron contemplando el cielo (supongo que algo parecido a cuando en una representación musical, los artistas finalizan su interpretación y desaparecen tras el telón, en medio de los aplausos del público y, ante la insistencia del reconocimiento del auditorio, regresan a ejecutar una última pieza musical), ellos esperaban que, en cualquier instante, Jesús haría nuevamente acto de presencia. Del error en el que se hallaban sumidos, les despertaron unos ángeles que les confirmaron las propias palabras de Jesús, indicándoles que Jesús ya no iba a regresar hasta Su segunda venida, tal y como les había enseñado. Fue entonces, que recordaron y se marcharon de regreso a Jerusalén, a la espera de la "Promesa del Espíritu Santo". El telón había bajado. Aquella función, definitivamente iba a ser retirada de la cartelera para dar lugar a una nueva "obra", con nuevo título y nuevos actores. Algunos actores de la obra anterior, iban a reincorporarse a esta nueva función, aunque debían sufrir una transformación interna para estar a la altura del papel que debían realizar. Por supuesto, el actor principal, ya no iba a ser Jesús, sino el Espíritu Santo, si bien, Éste tiene la capacidad de la ubicuidad, pudiendo estar en el escenario de la vida, así como junto a Jesús para recibir de Él las indicaciones necesarias para compartírnoslas.
No obstante, iba a ocurrir algo muy interesante. Aquel Jesús, si bien, no iba a estar sobre el escenario de la vida en el que sí estamos nosotros, estaría situado en el lugar apropiado para seguir influyendo en el teatro de nuestras vidas. Él es apuntador. Él está en un lugar estratégico desde el cual, comunica al Espíritu Santo y a nosotros, lo que hemos de representar en este escenario, que es el mundo que nos ha tocado vivir. Por ello, Jesús es el único mediador, el único intercesor, entre El Padre y nosotros. Él está a la diestra del Padre rogando por nosotros y, comunicando al Espíritu lo que debe transmitirnos a nosotros. De este modo, el vínculo permanece más allá del tiempo y del espacio.
Al igual que, el neumático de mi coche, que había expirado, exhalando su último aliento, pudo realizar el servicio más importante a mi vehículo, quedando en su llanta reflejadas para siempre las marcas del peso del coche, del mismo modo, Jesús el Cristo, tras entregar a Su Padre, Su espíritu, realizó, la mayor labor que podía hacer por nosotros. Muy superior a Su vida, Sus enseñanzas o Sus milagros. Sí, aunque pueda parecer increíble. Fue Su muerte la que desencadenó una reacción en cadena de proporciones colosales, ya que, fue un terremoto que provocó un tsunami libertador del ser humano que arrasó con el poder del pecado y de la muerte. Ese era el "misterio" que estaba escondido desde antaño (Ef. 3.5). Eso fue lo que el Altísimo depositó en el útero de aquella niña virgen, desposada con José, cuando el Espíritu, literalmente, la preñó.
La verdadera vida, podía vislumbrarse en el nacimiento, desarrollo y, posterior ministerio de Jesús pero, la manifestación real de esa vida, puesta a buen recaudo en el seno de María, había de explosionar como una reacción en cadena, tras Su muerte y Su resurrección.
Dios, de este modo, manifestó el amor con que nos amaba, arriesgándolo todo, sin esperar nada a cambio.
En segundo lugar y, no menos importante, si Jesús (el que vivió en Jerusalén hace unos 2000 años, y cargó con el pecado de toda la humanidad, no está entre nosotros, ¿dónde se halla? Las Escrituras son bastante explícitas al respecto a ello (Heb. 3 y 4). Él es ahora nuestro Sumo sacerdote que traspasó los cielos y está a la diestra del Padre para interceder por los santos y socorrerlos. Así, cada vez que yo contemplo las marcas que de forma permanente, quedaron en la llanta de mi rueda, siempre viene a mi memoria las marcas que quedaron para siempre en Jesús el Cristo, como resultado del sacrificio que realizó por mí, sosteniendo mi alma, para que no se rompiera la dirección de mi vida en el trayecto hacia la casa del Padre.
Hasta aquí todo es lindo y maravilloso pero, de todo ello ¿qué se infiere en nuestras vidas? ¿Cómo se ha de reflejar en cada uno de nosotros? ¿Qué implica en nuestro caminar diario? Si no tenemos esto claro, todo lo anterior quedaría en agua de borrajas.
La respuesta es tan sencilla y demoledora que apabulla a cualquiera que quiera saberla.
¿Es necesario que te la diga o ya la sabes?
Para aquellos que todavía no se hayan repuesto del shock, les dejo en este punto para una nueva digresión al respecto.
Existen realidades intangibles que superan con creces todo lo que se puede ver, oír, tocar, oler y degustar. Para percibirlas, es necesario que desarrollemos otra clase de "sentidos".
Última Edición: hace 6 años, 8 meses Por josemanuel. Razón: Ortografía y composición
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