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La alacena
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TEMA: ¿Por qué alacena?

¿Por qué alacena? hace 7 años, 7 meses #535

  • josemanuel
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Siempre que entro en un hogar y contemplo una alacena, no puedo evitar que mis ojos se depositen en ella observando todo lo que está expuesto y que me habla de las personas que habitan en esa casa. Sus gustos, preferencias, inquietudes, etc. En fin, aquello que desean (consciente o inconscientemente) que el visitante conozca sin palabras ni presentaciones acerca de sí mismos. Suelen ser cosas de “valor”, en la mayoría de veces, más sentimental que económico, que reflejan, por ejemplo los lugares que han visitado (hoy en día algunos los cambiamos por magnetos en la puerta de nuestra nevera). Pero mi curiosidad me lleva a divagar en mi imaginación pensando que “otros” tesoros oculta la parte inferior, oculta a la vista del huésped, cerrada con la “clave” (llave), pero tan o más atrayente que la visible y que parece decir: “este es mi espacio personal e íntimo que reservo tan sólo para los que, no sólo me visitan sino que se quedan conmigo, con aquellos que desean sentarse a mi mesa a compartir el pan (curiosamente esa es la etimología de la palabra “compañero” –o sea, aquel con el que se comparte el pan). Después de darme la bienvenida, abrazarme, besarme e invitarme a traspasar el umbral de su casa, el “fanum” de su santuario, me ayuda a descargarme de aquello que me acompañó durante el trayecto del camino hasta llegar a su hogar. Toma mi pesado abrigo, el cual era como un caparazón que me aislaba del mundo, sus miradas indiscretas y del azote del frío. Y es que en la casa de mi amigo no necesito ese tipo de coraza para protegerme, puedo manifestarme como soy, pues él me protege con su comprensión y su amistad, su abrazo y su mirada, su sonrisa y sus palabras. Además, por si fuera poco, si bien no lava mis pies, ya que no vengo de andar por caminos polvorientos (ya no quedan muchos en nuestras vidas asfaltadas), sí que me brinda la oportunidad de descalzarme y liberarme de la prisión a la que mis pies han estado sometidos, sintiéndome aliviado de la presión y confortable por las pantuflas, cálidas y mullidas, que produce una inmediata sensación de bienestar. Por si me ensuciado las manos, o tengo alguna que otra necesidad, me indica la puerta del baño, donde puedo limpiarme de toda inmundicia que se ha adherido a mi cuerpo.

Es entonces que, tras el ritual del encuentro, soy introducido en sus estancias privadas. Aquí es dónde nuestro mundo occidental, con sus mortales prisas, nos está privando de elementos tan importantes en la vida como son la amistad, las relaciones, la camaradería, la conversación. Por ejemplo, en el mundo oriental, a medida que sueles tener mayor intimidad con el cabeza de familia, vas siendo introducido a una mayor intimidad en sus estancias como signo de aceptación y amistad. En nuestro mundo moderno, hemos denigrado la palabra “amigo” hasta el punto que alguien puede decir que tiene 3000 amigos en Facebook, y seguramente ni saben dónde viven la mayoría. Habría que decir “conocidos”, y en ocasiones hasta ese término le vendría grande.

Pues bien, una vez introducido por mi anfitrión en el salón comedor, hablamos durante un largo período, poniéndonos al día de todos los acontecimientos y detalles aparentemente triviales pero que nos sirven para reconectarnos y acortar el tiempo y el espacio transcurrido.

Llega el momento de la comida, y observo que la alacena, en su parte superior, la visible a todo ojo, tiene espacios vacios y, compruebo al mirar la mesa, que dichos espacios corresponden a la vajilla y cristalería que ahora está encima de la mesa, la cual vamos todos a disfrutar y, con la que mis amigos, han decidido agasajarme y compartir. Deduzco que la cubertería (indispensable para acometer las viandas), debía hallarse en la parte inferior, oculta a las miradas indiscretas, pero ahora puestas al descubierto y, no puedo evitar pensar: “¿qué otras sorpresas tendrá mi amigo allí guardadas, reservadas para mí?”.

Pero, esa parte, esas sorpresas, esos tesoros, son los que te esperan a ti y a mí, si deseas compartir conmigo este encuentro y no tienes prisa por levantarte de la mesa. Recuerda que en ocasiones es después de los postres, que llega lo mejor.

¡Lo mejor está por venir!

Pues bien, mi intención es que en esta alacena temática, puedas hallar artículos de lo más variado. No tengo la pretensión que todos sean de igual interés para ti (sería muy necio y presuntuoso por mi parte), pero sí espero que alguno de ellos colmen tus expectativas y sobre todo te sorprendan, despertando tu interés en profundizar más, trascendiendo lo cotidiano.

Nos vemos
Existen realidades intangibles que superan con creces todo lo que se puede ver, oír, tocar, oler y degustar. Para percibirlas, es necesario que desarrollemos otra clase de "sentidos".
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